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Adiós a Los Pañales

Al ver salir a mi pequeño del baño, sacudiendo sus manitas todavía un poco mojadas, levantó la vista y su sonrisa al verme llenó toda la habitación de luz. Se sentía orgulloso: fue al baño sin ayuda. Dijo, "Mamá, hice pipí y todo salió bien", y siguió su camino.

Sonriendo, pienso en lo que ha logrado en un tiempo que ahora parece muy corto, pero que en su momento pensé que nunca terminaría: el entrenamiento para ir al baño.

Es una de esas cosas por la que todas las mamás pasamos: a unas les va muy bien, y otras necesitan un poco de ayuda. En mi caso, pasé de enfrentar una enorme frustración a disfrutar de una buena experiencia. Tengo dos hijos y los dos lo hicieron de maneras distintas. Cometí errores y aprendí por igual, pero algo que siempre me mantuvo a flote en los días difíciles fue el tener en mente dos cosas:

Todas las mamás pueden hacerlo, y todos los niños aprenden tarde o temprano.

Dos estrategias me ayudaron, aunque me tomó algo de tiempo darme cuenta de ellas:

Primero, observar indicios de que mis hijos estaban listos. Por ejemplo, cuando entienden órdenes simples, o cuando pueden vestirse y desvestirse solos. Segundo, aceptar que debía darles el control del proceso a ellos. No fue una tarea sencilla, considerando que las mamás somos "reinas del control" y nosotras decidimos qué comen, qué se ponen, a qué hora juegan, a qué hora se van a dormir y demás.

Entregar el control puede ser al mismo tiempo libertador y frustrante. Recuerdo muy bien un día cuando mi niño, sentado en el retrete, me dijo, "Mami, ¿puedes hacer popó por mi?" Esto me llenó de ternura y aprendimos una lección de quién estaba al cargo de la situación en ese momento específico.

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La Presión de la Escuela

Levanten la mano si una de las razones por las que empezaron o piensan empezar el proceso de entrenamiento para ir al baño se basa en que tu hijo o hija va a entrar a la escuela, o a la guardería y no los aceptan si usan pañal. Yo voy a levantar mis dos manos. Este fue un elemento primordial para mí, que además me enseñó que no importa qué tan lista estés para empezar, ellos lo harán en sus propios tiempos. Como muestra, un botón: mi hijo mayor entraría al preescolar en agosto y me dije, "Silvia, tienes que empezar ya para tener tiempo suficiente...". Era marzo y mi niño tenía casi tres años.

Compré lo que necesitaba, me dediqué a leer, e hice mi sistema de recompensas. Todo estaba listo, especialmente yo. Pero él no y los dos pasamos semanas que quisiera no recordar; yo intentando llegar a una rutina y el evitándola. Finalmente después de dos semanas de frustración y sentimientos de culpa, olvidé todo y compré otra caja de pañales.

Tres meses después reiniciamos y lo logramos. Nos tomó sólo una semana y una caja de M&M´s.

Después de la experiencia con el primer hijo, decidí tomar las cosas con calma con el segundo. Fui a la escuela a preguntar cuándo podría inscribirlo y me dijeron que no tenían lugar sino hasta junio. Mi pequeño acababa de cumplir tres años y no teníamos ninguna prisa por comenzar. Fuimos de compras y regresamos a casa, sólo para encontrarme con un mensaje diciendo que esa mañana uno de los alumnos en la clase, y con la maestra que nosotros queríamos, dejaría la escuela y habría un lugar para mi hijo empezando el primero de febrero. "¡Primero de febrero!", grité en mi cabeza mientras trataba de pensar qué responder a la persona que pacientemente esperaba. Decidí decir que sí, y al día siguiente como loca me fui a comprar lo que necesitaba.

Para no hacer el cuento largo, mi pequeño tomó el control y para el fin de semana dejó de usar el pañal. ¡Final feliz!

Si te preguntas a qué me refería con los M&M´s, te cuento que fue el mejor tip que mi suegra me pudo dar. "Silvia, ¿quieres que el niño empiece a ir al baño? ¡Fácil! Usa M&M´s como recompensa y ya". Y tuvo razón.

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